Nadie esperaba que bajo el espesor del hielo pudiera haber vida.
Este año, un gigantesco iceberg A-84 se desprendió de la plataforma de hielo en la Antártida, con una longitud de aproximadamente 30 kilómetros. Este iceberg ha expuesto una área previamente oculta del fondo marino con un ecosistema único.
Imagen del artículo generada por inteligencia artificial
Un grupo internacional de investigadores ha estudiado este mundo misterioso a profundidades de hasta 1,3 kilómetros, así como también ha recolectado muestras biológicas y geológicas, incluyendo sedimentos. En el Instituto Oceánico Schmidt (SOI) subrayaron que esta oportunidad se presentó por primera vez.
El frío mundo subglacial, que ha estado privado de luz solar durante siglos, resultó estar habitado por innumerables organismos de diversas formas y tamaños, desde esponjas y corales hasta pulpos, caracoles, gusanos, arañas marinas, peces e incluso la rara medusa gigante fantasma. Los investigadores creen que entre esta diversidad pueden existir especies desconocidas para la ciencia.
Ahora, los biólogos buscan entender qué mecanismos permiten a los organismos de aguas profundas sobrevivir y prosperar en condiciones tan extremas. En otras partes de las profundidades marinas, los seres se alimentan de restos orgánicos que caen al fondo desde la superficie. Sin embargo, bajo una capa de hielo de más de 150 metros de grosor, este proceso es imposible. Es posible que la comida haya sido transportada por corrientes oceánicas o agua derretida, pero por ahora, esto es solo una hipótesis.
El A-84 se desprendió de la plataforma de hielo de Jorge VI en la Antártida el 13 de enero. Desde entonces, los científicos lo han estado monitoreando mediante imágenes satelitales. La longitud del gigante es de 30 kilómetros y su ancho es de 17 kilómetros. Su forma se asemeja a una enorme papa.
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